Pekín

No era nuestra primera intención, pero Asia volvió a ponerse en nuestro camino, asi sin darnos cuenta. La idea para este verano 2014 era cambiar de continente, visitar algo de sudamérica y conocer un poco esa parte del planeta que de momento nos es extraña. Pero como casi siempre el azar…o el destino..o un vuelo a buen precio cambió nuestros planes, y es que Asia nos tira, y mucho, y la idea de visitar China y Corea nos fascinaba. Así que sin darnos mucha cuenta, allá por el mes de enero estábamos sacando los billetes para visitar el gran gigante asiático y su vecina Corea. Asia, de nuevo, nos esperaba.

25 julio 2014

Tras semanas de preparativos llegó el gran día. El vuelo salió de Valencia a las 3 de la tarde con destino a Estambul, tras varias horas de espera en el aeropuerto turco tomamos otro avión que nos llevaría hasta la capital china, Pekín. No sabemos por qué nuestro billete era una clase un poco superior a la turista, la turista plus, con asientos más anchos…más espacio para las piernas…todo un lujo para nosotros. La pena es que aunque el vuelo fue de unas nueve horas casi ni nos dio tiempo a disfrutarlo porque pasamos la mayor parte del tiempo durmiendo.

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26 julio 2014

Llegamos sobre las 3 de la tarde, hora local, a Pekín, era el mismo aeropuerto donde ya habíamos estado haciendo escala cuado viajamos por primera vez a Japón, todo nos era bastante familiar y eso ayuda en los primeros pasos. Pasamos los controles de inmigración sin problemas , y por fin salimos al hall del aeropuerto. Empezaba nuestro viaje y con mucha ilusión, y nuestras mochilas a la espalda, nos sumergimos durante más de tres semanas  en un viaje espectacular, en todos los sentidos.

Cambiamos algo de dinero en el aeropuerto y cogimos el metro hacia nuestro hostel. Tras un transbordo y bastante gracia para sacar los billetes llegamos a nuestra parada. Lo primero que supimos en ese momento es que había que estar ágil en los trámites y en los movimientos, una ciudad de cerca de 20 millones de habitantes no puede permitirse demoras al sacar un billete o pasar un control de seguridad, control que por cierto existía en todas las estaciones.

Al salir del metro nos sorprendió ese cielo encapotado que habíamos visto en tantas imágenes de la ciudad. Dicen que está muy cerca del desierto de Gobi y de ahí esa especie de neblina, pero lo cierto es que la contaminación se nota, se huele y se toca. Al principio es claustrofóbica, luego te olvidas a ratos de que está ahí, pero nunca acabamos de acostumbrarnos. Durante los días que pasamos en Pekín echamos mucho de menos el azul del cielo, las estrellas por la noche…tal vez es la peor cara de la ciudad y la que me hace pensar, al contrario que en muchos otros sitios, que tal vez no sería capaz de vivir allí.

La mochila empezaba a pesar, así que llegar al hostel, que estaba cerca del metro fue un alivio. La habitación era bastante “cuchitril” pero la cama estaba limpia y ha llegado un punto en que con eso nos basta. Tras descansar un rato paseamos por la zona donde estaba el hostel y en seguida nos dimos cuenta de que la localización era perfecta. Si volviera a Beijng probablemente me volvería a alojar por allí. Era una zona de lo que se denomina “hutongs” calles antiguas de la ciudad, con bastantes casas tradicionales y callejuelas típicas. Estaba a cinco minutos andando de la plaza de Tiananmen, cerca de la estación de Qianmén. Las calles estaban abarrotadas de gente paseando, familias, vendedores de mil cosas…después de cenar y tomar una cerveza en un hostel cercano con un ambiente bastante internacional nos fuimos a dormir, el viaje y el resto del día había sido duro, y ahora tocaba descansar.

27 julio 2014

La plaza de Tiannamen es intensa y es hostil, a partes iguales. Estar allí es especial, cada paso que das por ella te va cargando las piernas con pedacitos de historia, cientos de imágenes de esa plaza que has visto tantas veces y que sin embargo pisas por primera vez…  Nos acordamos mucho de la masacre que tuvo lugar allí hace 25 años, de los últimos atentados en la plaza, los grandes desfiles….allí está el mausoleo de Mao…

Pero en la plaza no quieres estar…cientos de militares armados la custodian. Grandes vallas impiden el acceso a la plaza a la que sólo se puede entrar tras pasar los correspondientes arcos de seguridad. Rodeada por varios carriles de circulación a cada lado, auténticas autopistas urbanas. Decenas de cámaras vigilan  los 440.000m2 de superficie llegando a cada uno de los rincones de Tiannamen. Allí no hay bancos donde sentarse, no hay árboles, no es una plaza para pasear, y aún así ¡es una pasada, no te la puedes perder!

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Tiannamen

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Tras la visita a la plaza fuimos a visitar la ciudad prohibida, 720.000 m2 de palacio real que fue hogar durante casi 500 años de los emperadores de China. Es una pasada el estado de conservación de los jardines, los pabellones…puedes pasarte horas recorriendo aquello…

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El estado de conservación de los jardines y los pabellones es increíble y sin duda merece la visita

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Recorrer todo aquello representó un gran esfuerzo, el sol y los kilómetros nos iban pesando, pero como somos así, después de la visita a la ciudad prohibida, aún tuvimos ganas de subir a la colina del carbón, que cuenta con una de las mejores vistas de Pekín.

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Por la noche visitamos el mercado nocturno de Donghuamen. La calle más conocida es la Wangfujing snack street, donde puedes encontrar las típicas brochetas de escorpiones, estrellas de mar… Pasear por la zona nos gustó bastante principalmente porque cortaron el tráfico de su avenida principal.

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Nos pegamos una buena caminata recorriendo prácticamente otra vez el perímetro de la ciudad prohibida, la gente paseaba por la noche por la zona con sus perros, hacían deporte, fue un bonito paseo de vuelta al hostel. Sin embargo, y aunque la capa de contaminación seguía impidiéndonos ver las estrellas, comentamos el hecho de que nos estaba pareciendo una ciudad muy limpia y con poca contaminación lumínica para lo que estamos acostumbrados. El primer día completo en Beijing había sido intenso, pero el viaje no había hecho más que comenzar y con esta idea nos fuimos a dormir. Me gustaría decir que tal vez esa noche soñamos con un cielo despejado y lleno de estrellas, pero como es habitual en nosotros simplemente caímos en un profundo sueño.

28 julio 2014

Pasear por palacios milenarios donde las diferentes dinastías chinas han pasado sus días es una experiencia y uno de los principales motivos para viajar a Beijing, pero a nosotros nos gusta también el ritmo urbano, la arquitectura moderna, y tomarle el pulso al día a día de la ciudad, y por eso ,en nuestro segundo día en Beijing, nos fuimos a visitar la parte más moderna de la capital china.

Hay muchos edificios curiosos, como el edificio de la televisión china ,CCTV

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Enormes edificios…

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Cerca de esta zona estaban las embajadas, y mientras caminábamos hacia ellas el paisaje fue cambiando y los edificios dieron paso a los parques, y cambiamos cemento por árboles… lo agradecimos mucho porque ese día el calor estaba siendo sofocante.

Y este es el nivelazo de parques en Pekín…

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La zona muy verde de las embajadas…

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Ese día tuvimos por primera vez contacto con la comida coreana, sin querer, porque no nos dimos cuenta de que estábamos entrando a un coreano,  ese día nuestros estómagos lo pagaron caro y es que, como comprobariamos semanas más tarde, la comida en Corea iba a ser picante…muy picante.

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29 julio 2014

En un intento por ver un poco más de la inmensa Beijing decidimos desplazarnos hacia las afueras de la ciudad, al conocido palacio de verano y tras más de 45 minutos en metro llegamos allí. El paseo por las orillas de su lago artificial, sus diferentes construcciones y el ambiente festivo del parque donde miles de familias van a pasar el día y montan allí sus picnics bien merece la visita.

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Allí había gente relajada también practicando con agún instrumento, pintando..

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Había un lago con multitud de embarcaciones que te llevaban de un lado a otro del parque o simplemente se alquilaban para navegar por el lago.

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El famoso barco de mármol del palacio de verano…

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Corría una brisilla que se agradecía mucho en un día tan caluroso. La gente se fijaba mucho en nosotros, nos miraban, nos saludaban… Esta fue una constante en toda China. La gente muy amable venía simplemente a saludarnos, nos decían hola y cuando les respondíamos se iban tan contentos. Muchos nos pedían que nos hiciéramos fotos con ellos, todo siendo absolutamente encantadores.

Por la tarde fuimos  a otra zona de hutongs, callecitas tradicionales, con bastante ambiente también.

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Y así por las calles de Beijing, acabó nuestro día…

30 julio 2014

Si hablamos de China tal vez una de las atracciones más conocidas sea la Gran Muralla. Para nosotros era un imprescindible, algo que no podíamos dejar de ver y una de esas cosas que hacen que merezca la pena recorrer miles de kilómetros. Desde hacía mucho tiempo imaginaba las sensaciones al pasear por la muralla, se que es en estos sitios que he visto tantas veces en imágenes y que están tan cargados de historia afloran un montón de emociones y estaba deseando experimentarlas en la Gran Muralla China.

Hay muchos tramos de la muralla cerrados al público porque están en mal estado y resulta peligroso caminar por ellos. La muralla salvaba montañas y en muchas zonas la inclinación, el suelo resbaladizo y los tramos en mal estado hacen imposible el caminar por ellos. Sin embargo hay varios tramos de la muralla que se pueden visitar. Desde Pekín, en tren se llega fácilmente a uno de los mejor conservados. El problema es que esa facilidad de acceso hace que esté literalmente invadido por turistas chinos. Hemos leído crónicas en las que se describía literalmente que durante la visita, en ocasiones, era literalmente imposible ver el suelo…y una especie de marcha zombi era la única forma en la que se podía recorrer la muralla. Como no nos atraía nada el hecho de verla así, y habiendo otras opciones, nos decantamos por el plan B, más difícil, pero gratificante.

Mutianyu fue el tramo que elegimos para visitar la muralla china. Llegar allí es un poco más complicado, pero aún así estábamos decididos. Cogimos el metro hasta la estación de autobuses de Dongzhimen. Allí sabíamos que teníamos que coger el autobús local número 936 y bajar en la estación de autobuses de Huairou. Cuando haciamos cola se nos acercó una mujer de uniforme que parecía una empleada de la estación a decirnos que ese no era el autobús que debíamos coger, que no nos llevaría a Huairou y nos indicaba por señas que era otro. No era verdad y ya íbamos avisados para este tipo de engaños donde te hacen coger otros autobuses a otras ciudades donde al llegar no te queda más remedio que coger uno de los pocos taxis que estén por allí, llegar llegas, pero el precio suele ser superior. Total cogimos nuestro autobus y por supuesto éramos los únicos occidentales en él, para darle más emoción se trataba de un autobús local que obviamente tenía todo escrito en Chino. Nuestro principal problema entonces pasó a ser identificar la parada de autobuses de Huairou, que estaba en una de las paradas intermedias. No sabíamos cómo sería así que llevabamos el nombre escrito en Chino y cada vez que paraba en algún lugar intentábamos comparar los caracteres chinos con un listado de paradas que llevaba el autobús en uno de los laterales, así sabríamos más o menos por donde íbamos. Tras una hora más o menos de trayecto bajamos donde creíamos que era nuestro destino y nada más bajar ya nos abordaron un par de taxistas para llevarnos hasta la muralla china, a unos 20 kilómetros de donde estábamos, lo que nos confirmó que habíamos bajado en la parada correcta.

Tras negociar bastante el precio con uno de los taxistas nos llevó a la entrada de la gran muralla, nos ayudó a sacar las entradas y se despidió, y es que no me cansaré de decirlo, en China nos hemos encontrado a las personas más amables de todos los viajes que hemos realizado, de largo.

La subida a la gran muralla puede hacerse en telesilla o en telecable dentro de una cabina. Lo mas barato es subir andando pero es un duro trekking que cuesta bastante tiempo y el día estaba algo lluvioso. Así que elegimos el telesilla. No me suelen gustar demasiado las alturas, pero aún así el paisaje era espectacular, hasta que tuve que cerrar los ojos porque el paisaje era bonito pero mi miedo era mayor 🙂

Al llegar a la muralla supimos que habíamos acertado con ese tramo, puesto que apenas éramos unos pocos los que estábamos allí. La muralla sorprende en muchos momentos por su increíble inclinación, sus constantes subidas y bajadas, y es que hay que estar en buena forma si quieres recorrerte el tramo entero. Si no, siempre puedes hacer la parte que quieras.

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Las nubes fastidiaron un poco las fotos pero creemos que había menos gente por esto y sin duda creo que compensaba. Nuestra cámara se quedó sin bateria así que tuvimos que hacer las fotos con la go pro, por eso no tenemos demasiado material gráfico.

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Tras visitar la muralla la bajada la hicimos en tobogán, sí puede resultar raro…pero es muy divertido 🙂 (en el vídeo del viaje hay alguna imagen de la bajada)

La vuelta fue parecida a la ida sólo que el autobús que cogimos hizo muchas mas paradas que el anterior y la hora de viaje se convirtió en casi dos, pero cómo bajábamos en la parada final, era todo más fácil. Llegamos a Pkín a primera hora de la tarde y como era nuestro último día allí no quisimos irnos sin visitar la zona olímpica. Un espectacular complejo que ha sido bien aprovechado tras las olimpiadas y donde nos encontramos una multitud paseando y dándose un respiro del caótico tráfico de la ciudad.

El espectacular estadio apodado “el nido” por su genial arquitectura

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El pebetero olímpico

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31 julio 2014

Nos fuimos con muchas ganas de descubrir nuevas ciudades y es que Pekín y los pekineses nos habían dejado encantados, ¡que gente tan amable!

Por la mañana no muy temprano nos dirigimos rumbo a una de las estaciones de trenes de Pekín para coger un tren de la alta velocidad China, bastante baratos en comparación con el ave en España y que nos llevó hasta Xian, nuestra siguiente etapa, a más de mil kilómetros en algo más de 5 horas, y es que China, es muy grande.

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