55 kilómetros al lado del Ebro dan para paisajes muy bonitos y así fue como transcurrió esta etapa, caminos chulos al lado del río. Fuimos con el viento a favor y llaneando prácticamente todo el día.

Sobre la una de la tarde cuando empezaba el calor pasamos por un pueblo para rellenar nuestra botellas de agua pero la fuente no funcionaba. Por suerte allí había una mujer regando sus plantas que amablemente nos rellenó todas las botellas de agua y nos permitió mojarnos enteros haciendo que la hora que nos quedaba de ruta fuera mucho más llevadera. La verdad es que como decía la mujer, el agua no se le niega a nadie, y lleva razón, nunca nadie nos ha dicho que no cuando le hemos pedido agua…y si son las dos de la tarde de un siete de agosto, aún menos.

Merecido paseo por la calle Laurel de Logroño

Última modificación: 9 septiembre, 2020

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