La de hoy ha sido una de las rutas más bonitas que hayamos hecho nunca, de las que enganchan y te recuerdan por qué estás haciendo esto.

Hemos salido a las ocho de la mañana con la intención de empezar a pedalear pronto y evitar el calor en la subida del puerto. Íbamos concienciados sabiendo que desde el primer metro tendríamos una fuerte subida, que no nos daría respiro y que se prolongaría durante al menos 13 kms. Pensad que vamos cargados y que con una pendiente tan fuerte vamos a unos 5 kms por hora, eso pueden ser unas tres horas de ascenso constante. Lo primero que notamos es que vamos cómodos con el clima, aún no ha salido el sol y la montaña nos da bastante sombra. Desde el principio los paisajes son bonitos. Los primeros cuatro kilómetros son los de mayor desnivel del día, se hacen por carretera y aunque no van muchos coches, la velocidad de subida es tan lenta que nuestro mayor problema era mantener el equilibrio. En la bici el equilibrio lo conseguimos con el movimiento, pero sin movimiento te caes… así que había que estar atentos.

Abandonamos la carretera y cogemos una pista. Los primeros kilómetros los hacemos encantados, ya llevábamos tiempo subiendo pero por aquí no había coches, seguíamos estando fresquitos y solo nos encontrábamos con alguna que otra bicicleta y algunos senderistas.

Teníamos siempre el muro de montañas en frente, así que las vistas eran muy bonitas, lejos de desesperanzarnos las estábamos disfrutando.

Así llegamos al mirador de V. Aleixandre, que compuso en ese lugar algunas de sus obras, no es aún la cima pero está bastante alto y la verdad es que ya tiene unas vistas impresionantes. Han pintado cerca poemas en las piedras, y la verdad es para quedarse allí un buen rato.

Seguimos subiendo…

Y así llegamos a la cima, tras tres horas exactas de ascenso, y ya con muchas ganas de empezar la bajada.

Lo que prometía ser un paseo disfrutando la bajada se convirtió en un pequeño infierno los primeros tres kilómetros. El terreno estaba lleno de grandes piedras sueltas que nos hacían muy difícil descender. La fuerza que teníamos que emplear en brazos y piernas para no caer o simplemente para poder llevar la bici era demasiada, al menos para mí, y tenía que parar cada poco a descansar los brazos. Íbamos sin sentarnos en el sillín, haciendo fuerza solo con las piernas para tener el pie listo en caso de que la bici cayera. Pensé que como todo el descenso fuera así, nos costaría muchas horas. Por fortuna fueron solo los primeros tres kilómetros y luego el terreno mejoró mucho, llegando a estar asfaltado más de la mitad de la bajada, así que al final disfrutamos mucho, vimos vacas, ciervos y una paisaje que nada tiene que envidiar a otros muchos más famosos.

Tras otras tres horas de bajada decidimos que, aunque nuestra idea al principio era hacer algunos kilómetros más de ruta, había sido suficiente caña por hoy y que el esfuerzo y la etapa bien merecían parar en un camping cercano a Segovia, donde aprovechamos para quedar con nuestro amigo Sergio, que además nos llevó junto a su tío a visitar la Granja de San Ildefonso, porque esto además de ciclo, también va de turismo.

Jardines de la Granja

Después de un baño en la piscina del camping nos fuimos a dar una vuelta a Segovia…eran solo un par de kilómetros desde el camping pero con una pendiente muy muy pronunciada que luego hubo que subir, pero con la bicicleta sin peso, fue un paseo 😂

A veces nos salen etapas bonitas…

Última modificación: 30 julio, 2020

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